Mañana saltarán las cartulinas,
continua soledad de las paredes,
eterno resplandor de bambalinas,
mano simple, rasguño de burgueses.
Impávida mirada de ocelote,
boca abierta peldaños de ternura;
las paredes confunden los barrotes
de esta cárcel moral de la impostura.
Y saltan los bajeles de la vida,
navegan sobre olas de clausura,
en el mar de las viejas avenidas,
donde el temor se ofrece a la cordura,
como prenda que empeñan los suicidas,
para rimar amor con amargura.
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